Unas 15 toneladas de los denominados raee (residuos de aparatos eléctricos y electrónicos) fueron desechados por vecinos de Rosario en los últimos 10 meses, cifra considerada significativa por el municipio teniendo en cuenta que las campañas de recolección se iniciaron en octubre de 2010 y solamente se realizan los últimos sábados de cada mes.
Según le indicó a La Capital la subsecretaria de Medio Ambiente de la Municipalidad, Daniela Mastrángelo, “el año pasado empezamos con las campañas y en la primera, realizada a fines de octubre en el Monumento, se recolectaron 8 toneladas. Durante este año es notorio cómo se ha ido incrementando el grado de concientización y de vecinos que dejan su basura electrónica. Entre febrero y marzo se recolectaron 1.680 kilos, entre mayo y junio 2.800 y en la campaña realizada el último sábado de julio alrededor de tres toneladas”.
Compus viejas. La iniciativa oficial, junto con el programa SePaRe, plantea que los rosarinos se desprendan de computadoras, teclados, mouses, parlantes, monitores, impresoras, notebooks, routers y cables que quedan amontonados en los hogares y que los vecinos no saben a ciencia cierta qué destino final darle. La idea es que estos desechos, portadores de elementos contaminantes para la el medio ambiente y la salud, no sean eliminados en los contenedores para residuos domiciliarios. La campaña, por ahora no incluye otro tipo de electrodomésticos, como heladeras, lavarropas, televisores, ni los residuos corporativos, puesto que las empresas deben gestionar por su propia cuenta la recolección y tratamiento de estos desechos.
La funcionaria también hizo alusión al alto costo que se paga por la eliminación de estos residuos, 2,5 pesos por kilo, y que son trasladados a un operador habilitado de la ciudad de San Lorenzo para su tratamiento.
Según Mastrángelo, dentro de los desechos electrónicos “hay muy pequeñas cantidades de metales pesados que, en contacto con el agua y la tierra, pueden generar contaminación ambiental. Pero ese no es el mayor riesgo, sino que estos materiales, derivados a sectores de recolectores informales, hace que éstos se expongan a tratar de recuperarlos con consecuencias imprevisibles. Cuando vemos una computadora en un contenedor, el mayor riesgo que tiene ese equipo informático es el de que un recuperador urbano se lo lleve y lo queme para tratar de rescatar algún material, y así pone en riesgo su salud, porque hay elementos altamente tóxicos”.
Los electrónicos “son residuos fácilmente segregables porque no se generan todos los días. Por eso es más sencillo inducir a la gente a que no lo descarte en un contenedor sino que lo retenga y lo pueda llevar a la jornada de recepción”, explicó al tiempo que puso énfasis en la mayor difusión de esta temática. “Estamos tratando de reforzar la comunicación -amplió- y también tenemos proyectos de talleres educativos con escuelas para la gestión de los residuos”.
Mastrángelo hizo una fuerte apuesta a la sanción definitiva de la ley de basura electrónica —que en mayo pasado recibió media sanción en la Cámara de Senadores de la Nación y que aún debe ser tratada en Diputados— ya que la misma permitirá que el municipio se aboque sólo a informar, a realizar la faz educativa con la ciudadanía.
“La ley en cuestión va a inducir a que las empresas visualicen en sus ecuaciones económicas el costo del tratamiento de residuos electrónicos, y al ser una variable que incida en sus costos, la idea es que ellos trabajen en bajar la toxicidad de los mismos”, detalló.
“La responsabilidad de las empresas es clave, debe ser un circuito cerrado. Y para que así sea, las leyes de responsabilidad extendida al productor piensan en esto. Es un principio de la gestión de los residuos, la responsabilidad de la cuna a la tumba. Porque si no tenemos en una punta alguien que lucra y en la otra punta al gobierno local haciéndose cargo, con el erario público, de la gestión de esos residuos. Ese sistema no sólo es insustentable ambientalmente sino que es inequitativo”, remarcó la funcionaria.
Una ley busca reducir el impacto contaminante
El avance de la tecnología ha generado la aparición de miles de aparatos electrónicos que se convierten en un tópico urticante cuando se considera que en su proceso de manufacturación intervienen componentes altamente tóxicos y contaminantes, no sólo para el medio ambiente sino para la salud. Por ello, para las Ong’s ambientalistas de Rosario es clave la sanción definitiva de la ley de presupuestos mínimos para la gestión de residuos de aparatos electrónicos y eléctricos (raee) —cuenta con media sanción de la Cámara de Senadores de la Nación—, que apunta a la responsabilidad extendida del productor. Es decir, obliga a los fabricantes a hacerse cargo de los artefactos que generan desde el instante mismo de su producción (mejorando la línea de fabricación) hasta su conversión en desecho.
Según datos aportados por la agrupación ecologista Greenpeace, cada argentino genera 2,5 kilos de basura electrónica por año. “Esa cifra tranquilamente podría aumentar en un kilogramo dentro de los dos próximos años”, estimó en diálogo con La Capital Gonzalo Gorostarzu, referente de Greenpeace Rosario. “Tenemos que tomar en cuenta que está la migración de la TV analógica a la digital y eso va a generar también una gran cantidad de desechos electrónicos”, abundó.
El boom del Mundial. Sin ir más lejos, apuntó que durante 2010, y debido al Mundial de Fútbol Sudáfrica, hubo una invasión de televisores a través de las grandes promociones de empresas de electrodomésticos, lo que genera otra invasión de futuros desechos. “La franja de telefonía celular es otro problema, porque es la que más aumenta. Incluso muchos con vida útil se convierten en basura. Está estimado que este año en el país se descartarán unos 10 millones de aparatos”, abundó.
Mirko Moskat, del Taller Ecologista Rosario, también aportó lo suyo. “El proyecto de ley incluye una restricción a la utilización de sustancias peligrosas, como cadmio, plomo y mercurio, algo que ya se está haciendo en Europa”, indicó. Aseguró que mucha gente está tomando conciencia del peligro de retener residuos electrónicos aunque no tiene en claro qué destino darle.
El militante ecológico sostuvo que será importante “frenar los patrones de consumo y repensar nuestra visión de necesidades reales, por ahí compramos cosas que no necesitamos o de las cuales podríamos prescindir tranquilamente. Esto no es sólo una cuestión individual sino que también hay que plantear cambios en la forma de producción”.
El residuo electrónico se compacta en San Lorenzo
La empresa Ecotech, ubicada en la ciudad de San Lorenzo, es la encargada del tratamiento de los residuos electrónicos no sólo de Rosario sino de la región. Es la única del Litoral y una de las dos que existen en el país.
Su titular, Leonardo Pennice, le explicó a La Capital que desde el municipio rosarino se realizan envíos que pueden llegar a unas 5 toneladas por tanda y que sumados los municipios y comunas de la región se llega a unas 20 toneladas. En todos los casos, abunda, incluso a las empresas privadas, se les entrega un certificado de disposición final de los residuos. Agregó que en esta primera etapa solamente se trabaja con residuos que sean eléctricos y electrónicos, es decir, que no posean gases, como por ejemplo las heladeras.
Al referirse al proceso de tratamiento de estos residuos, Pennice explicó que en el caso de lo referido a la parte informática “en un 95% es desecho, pero igual se analiza en bancos de pruebas especiales y se determina si hay alguna posibilidad de recupero como producto. Y si éste cumple con cierto nivel de tecnología que esté apto para el uso, se recupera y se dona. Ya llevamos donados más de 120 equipos recuperados a instituciones, Ong’s, escuelas y bibliotecas”, indicó.
“Con el resto de los materiales —abundó—, y de acuerdo a los protocolos que tenemos, se separa lo que está contaminado y lo que no, porque por más que el equipo esté en funcionamiento; si está contaminado no se lo puede recuperar. Se valoriza, se separan los componentes, chatarra por un lado, aluminio por el otro y eso vuelve al mercado como submateria prima. Lo que no tiene valor de reventa o está contaminado se exporta a refinerías en Suiza”.
Pennice agregó que “en América no hay refinerías para extraer los metales preciosos de las plaquetas, como oro, plata y platino. La gente cree que hay oro, por ejemplo, en cantidades importantes, y es ínfima. Lo que hacen los recolectores informales es quemarlos para ver si el metal sale. Así instala metales pesados en el aire. También al quemar los cables para extraer el cobre, éstos poseen un llamado retardante que libera sustancias cancerígenas”, explicó.
FUENTE:
Por Mario Candioti
La Capital de Rosario (Argentina) 07-08-11
