Apareció hace unos años como una palabra mágica: litio. Su sola mención parece disparar los sueños más audaces de proyectos productivos, de promoción de comunidades alejadas y de afirmación de políticas de estado que encuentran en ella todas las posibilidades de un crecimiento sustentable y permanente. Litio, es el paraíso prometido para las dirigencias políticas, y una esperanza cierta de desarrollo para regiones en las que cualquier otra forma de crecimiento, sería extremadamente costosa y hasta inviable. El litio, el mineral del siglo XXI, es en realidad un elemento químico, un metal blando de color blanco plata que se oxida rápidamente en agua o al aire. La nobleza de este material -que brinda una enorme densidad de energía y potencia por unidad de masa- le permite ser utilizado para extraer gases no deseados en fundiciones de minerales, para eliminar el dióxido de carbono del aire respirable de las naves espaciales y los submarinos, pero su valor más alto aparece cuando se lo utiliza en la fabricación de acumuladores de energía para mover desde grandes motores, automóviles eléctricos, computadoras, telefonía celular y hasta controlar el ritmo de un marcapasos. Es, por lo tanto, el combustible del futuro, esencial para la colosal industria de las baterías. En Jujuy, en los extensos salares de Olaroz-Cauchari, en plena Puna, Departamento Susques, se encuentra el tercer yacimiento de litio del mundo, detrás de Uyuni, Bolivia (donde lo explota una sociedad del Estado boliviano), y del Salar de Atacama, Chile, (donde participan de la explotación empresas privadas reguladas por el Gobierno). En nuestros salares, se asentaron hace un año, dos gigantes líderes de la producción de litio: en Cauchari uno de origen canadiense, Lithium América, con base en Toronto y con aportes de las globales Magna, Oppel y la japonesa Mitsubishi. En Jujuy se llama Exar SA; en Olaroz, la otra empresa llegada desde Australia, es Orocobre, poderosa estructura de la que participa nada menos que Toyota, y que entre nosotros se la conoce como Sales de Jujuy S. A. Advertido de la importancia de controlar la explotación y el negocio del litio, el Gobierno de Jujuy, el año pasado, declaró al litio como “recurso natural estratégico” de la Provincia, y ordenó la constitución de Jemse, Jujuy energía y minería, sociedad del estado, hoy a punto de quedar formalmente constituida. El año electoral y la habitual demora que impone la burocracia del estado, hicieron que el 2011 marcara en el Gobierno tiempos muy diferentes a los de los inversores internacionales que con sus plazos de espera vencidos, urgen respuestas para seguir adelante con los proyectos. Esos proyectos, pueden significar trascendentes hitos en la vida de la Puna de Jujuy, la provincia de Jujuy, y el propio país. En tanto menos tiempo se pierda, será mejor, seguramente. Pero se debe comprender que el nuevo gobierno de la Provincia, necesitará también los espacios para analizar las conveniencias que mejor respondan a los intereses de los jujeños. Esto no es otra cosa que optimizar las formas de la explotación, la industrialización y hasta de la fabricación local de baterías, para que el mayor valor agregado quede en la Provincia y se convierta en uno de los principales sustentos de nuestra economía. Se trata de promover el debate, ajustar los tiempos gubernamentales con los tiempos empresarios. Y seguir adelante. Así lo definió hace horas Eduardo Fellner.
Definiciones
Desde el lado de las empresas, Exar y Sales de Jujuy, los directivos aseguran “haber hecho todos los deberes”. Esto significa no solamente haber respondido a todos los requerimientos realizados desde el Estado, sino también haber participado con entusiasmo de las reuniones con un comité de expertos en el tema. En esos encuentros se instrumentaron directivas para la protección ambiental, el cuidado de los ecosistemas y el respeto a las voluntades de las comunidades originarias asentadas en las regiones donde se radica la explotación del litio. También se trabajó para reconocer y resolver los vacíos legales que pudieran surgir de esta nueva explotación minera en Jujuy. Queda para Jemse, tras las instrucciones que le imparta el Poder Ejecutivo, negociar los niveles de participación que la Provincia demandará en el negocio. Ya sea con las empresas que ya están en Jujuy o ampliando el horizonte para escuchar otras propuestas. Hasta ahora, el compromiso del exgobernador Walter Barrionuevo de no avanzar contra la propiedad privada se mantiene, y los empresarios descartan que la gestión de Eduardo Fellner seguirá ese temperamento, en tanto aguardan que se aceleren las definiciones, urgidos a su vez por los inversores de sus centrales administrativas.
Las grandes empresas asentadas en Olaroz y Cauchari, dicen haber respondido con creces, y prometen seguir haciéndolo, dentro de las exigencias que la responsabilidad social empresaria les requiere.
Las comunidades de las regiones, ven en ellas, no sólo la posibilidad de contar con otra fuente de trabajo. También en las distantes y desérticas regiones, los habitantes esperan un fuerte compromiso de las empresas para con el desarrollo de los pequeños pueblos y la protección de sus espacios vitales. Pero la gran riqueza, obviamente, está en explotación coordinada y racional de los yacimientos.
Esa explotación es sencilla: el litio se encuentra en el lecho de los salares, la extracción es sencilla y tras un simple proceso de almacenamiento y decantación en piletones, se obtiene el mineral. Antiguamente, la explotación se realizaba a partir de las rocas, con métodos costosos y contaminantes. En el proceso actual, a partir de la sal, no se usan elementos tóxicos, no se alteran las napas de agua dulce, y no se lesiona el medio ambiente.
FUENTE:
Carlos Alfonso Ferraro.
El Tribuno (Argentina) 13-02-12
