Los accidentes que durante este fin de semana conmovieron a la ciudad por sus consecuencias no hicieron más que volver a poner en tela de juicio la política de prevención que lleva adelante el Municipio en lo relativo a la seguridad, fundamentalmente en lo que tiene que ver con las motos. No hay estadísticas sobre la frecuencia de los accidentes en que se ven involucradas motocicletas, en cuántos de esos accidentes los ocupantes de las motos llevan el casco bien colocado -dato no menor si se considera que llevar un casco sobre la cabeza y no ajustado debidamente es lo mismo que no llevar nada-, y si tales encuestas existen, se mantienen ocultas a la observación pública. Seguramente los datos que surgirían de un relevamiento semejante causarían escalofríos, pero sería una buena materia de trabajo para los organismos públicos del Municipio.
Está visto que la campaña de protección de la vida que hace eje en el uso del casco tiene dos grandes «agujeros» por los que hace agua. Uno de esos agujeros está en los barrios más alejados del centro. Si se puntualizan las ubicaciones de los puestos de control más frecuentes, se encuentra que los mismos están ubicados dentro de una zona delimitada por el eje Salva-Brasil al norte, la ruta nacional 34 al oeste; Aconcagua al este y Remedios de Escalada-Fanti al sur. Eventualmente se realizan controles los fines de semana en las colectoras de acceso a los «barrios de quintas», o en los alrededores de la Terminal de Ómnibus: o en algunos de los bulevares fundacionales más allá de los límites demarcados. Pero se podría decir que los controles en los barrios son la excepción de la regla.
El otro «agujero» ocurre durante los fines de semana, donde las normas se flexibilizan como si para sábado y domingo existiera otro Código de Tránsito. Conductores que salen de los boliches y montan sus motos con escape libre, muchísimos de ellos alcoholizados, otros tantos menores de edad sin habilitación para manejar, desafiándose a «picar» con aceleraciones en vacío que trastornan el sueño y la tranquilidad de los vecinos de esos lugares, invariablemente todos sin casco, son parte de lo cotidiano durante las madrugadas de «tierra de nadie». Y todo delante de la mirada indiferente -impotente, también- de los inspectores municipales que «custodian» el descontrol.
Está claro que no se trata de una problemática fácil de resolver. Pero está muy claro también que sin decisiones fuertes que necesariamente insumirán un costo político no habrá resultados a largo plazo. El Estado municipal no puede de ninguna manera renunciar a su responsabilidad de hacerse cargo de la cuestión. A diferencia de las muertes en situaciones de violencia barrial, aquí el Intendente no puede llamar a un ministro provincial o al Gobernador para que baje a traer respuestas: cada vida que se pierde en el tránsito de Rafaela es un doloroso llamado de atención a la eficacia de su propia gestión.
La ordenanza denominada «con casco cargás», que pretende encontrar entre los playeros de las estaciones de servicio «socios» para ayudar a generar conciencia de que el casco salva vidas es un gesto ingenuo, si se quiere de buena voluntad, que ya otros municipios ensayaron con mayor o menor éxito, pero que no moverá la aguja que marca la verdadera sensación térmica en este tema. Como la campaña de conductores designados no movió la aguja de los que salen de los boliches «entonados» por combinaciones etílicas varias y luego se suben a las motos y a los autos y llegan como pueden, si es que llegan, a sus destinos de madrugada.
Cierto que los playeros no se van a exponer a discutir con un motociclista que pueda llegar a exaltarse si no se le carga combustible por no llevar casco. Cierto que puede darse que finalmente veamos que todos los motociclistas que ingresan a las estaciones de servicio llevan casco, al menos para no recibir el castigo social de las malas miradas de los que sí cumplen con la ley. Pero no es menos cierto que hay un pecado de origen en toda esta mirada «asociativa»: ¿cómo convence el Municipio a los «socios» de colaborar en las campañas si no puede lograr que sus propios agentes le pongan límites a los desaforados en las salidas de los boliches o en los estacionamientos del centro -donde cualquiera se sube a la moto sin casco y sale a la calle libremente ante la mirada atenta de los inspectores que pululan por la zona- o en tantos otros lugares donde se vulnera la ordenanza de uso de casco sin ambigüedades?
El tema es complejo, pero es un problema de la Municipalidad y específicamente de la Secretaría de Gobierno y Ciudadanía. Sin ir más lejos, hay un ejemplo muy cercano: Bella Italia. La pequeña comunidad vecina tenía un enorme problema con la velocidad sobre su principal arteria, la ruta provincial 70. Instaló radares, formalizó los convenios correspondientes con la Provincia y comenzó a aplicar las famosas «fotomultas».
Hay infinidad de infractores que se acuerdan de toda la familia del presidente comunal de Bella Italia cuando reciben las multas, pero al cabo de pocos meses nadie de la región pasa por Bella Italia sin respetar escrupulosamente los 60 km de velocidad máxima permitida. En la ruta nacional 34, el tramo urbano de Rafaela tiene semáforos «inteligentes», cámaras de seguridad conectadas al Centro de Monitoreo y una inversión millonaria en infraestructura de seguridad, pero nadie parece capaz de impedir que los camiones, autos y motos crucen semáforos en rojo con absoluto desparpajo. Y eso que hasta personalidades públicas como el senador Alcides Calvo, estuvieron a punto de perder la vida en accidentes ocasionados por este tipo de infracciones. ¿Bella Italia puede y Rafaela no?
Murieron en la ciudad 4 motociclistas en 20 días. Las circunstancias fueron diferentes y se conocen, la justicia deberá determinar las responsabilidades en estos casos, pero nadie puede desconocer que el tránsito es un problema de todos donde la responsabilidad principal pasa por el Estado municipal y sus autoridades, que deben encontrar un rumbo sin borrosos grises que confundan a los rafaelinos y de una vez por todas aplicar las leyes con todo su rigor.
FUENTE:
www.diariocastellanos.net
